
Casi todos los que nos hemos acercado a Japón en algún momento conocemos, al menos de referencia, el libro de Alex Kerr, "Lost Japan". No creo que haya libros imprescindibles, pero si los hubiese, éste merecería considerarlo entre los candidatos.
según algún diccionario: colección de inscripciones recuperadas en fragmentos de lápidas de época clásica.

"El posmodernismo fue así, desde finales de los años setenta, como la palabra ambigua que tapaba el desorden y designaba lo que en verdad no significaba nada tras el ambiguo fin de la modernidad. El fin de la modernidad y con ella la firmeza de las convicciones, la importancia de la política y la fe en la producción. Todo el arsenal de conceptos y referencias alternativas había quedado aparatosamente abatido con la caída del muro de Berlín y, en su lugar, sólo aparecía un solar. ¿Para levantar una nueva torre, un nuevo proyecto central? Nada de nada. Un gran solar destinado para especular. Especular o crear mediante un delirio de imágenes repetidas, reflejándose entre sí, el colapso de lo mismo en lo mismo, la Gran Crisis de época, no sólo financiera, sino la Gran Crisis del destino despojado de destino, alzándose el futuro como una figura sin rostro, donde se fundía el no saber qué hacer con el no saber en qué creer..."
Vicente Verdú
Sirva esta cita como punto de apoyo para comenzar una reflexión sobre la postmodernidad, concepto útil desde una perspectiva que ya podemos comenzar a llamar histórica, para fundamentar el momento histórico en el que estamos desembocando, desde la evolución de sus raíces en el pasado siglo.
El desafío de este proceso es “dejar ir” lo conocido, lo familiar, lo viejo, y estar disponible al momento presente, sin empujar, sin retraerse, respondiendo a lo que está aquí-ahora con coraje, en confianza y sinceridad."
Pertenece a Jack Knorfield, de su libro "Después del éxtasis, la colada", que no conozco, pero tiene una pinta de autoayuda que tira para atrás.
En cualquier caso me interesa la doble lectura que presenta: por un lado, la evidente de relacionar la creatividad con la experiencia del momento presente, (sólo) aparentemente contradictoria con el recurso tradicional a la imaginación; por otro lado, la implícita de situar el acto creativo en un punto vertiginoso, próximo al vacío que produce la consciencia. Esta segunda lectura requerirá probablemente de cierta experiencia en el campo de la meditación para comprender de qué estamos hablando.
“La arquitectura no es eso que sucede para que los poderes fácticos se perpetúen. A ver si nos vamos a haber contagiado de algún alcalde…”
“Esta mujer, por ejemplo, podría ser un gato.” (aquí, realmente, no sé a qué me refería...)
“La catedral de Sevilla… un edificio bastante feo, bastante tonto, bastante mal hecho… ¿no?.”
“Hoy estoy fácil...”
“Corbu estaba bien, pero tampoco es para ponerse así, además podemos hacer cosas agradables.”
“- Mire usted, yo quiero tetas y sopa.
- No, porque no cabe en la boca.
- Bueno, un poco de orden, deme usted tiempo”
“No podemos llevar un siglo haciendo cosas que nadie entiende y pretender que sigan encargándonoslas.”
“No creo en el bioclimatismo. Creo que la técnica bioclimática debería estar presente siempre en la creación arquitectónica. El problema es que no lo está y cuando lo está hay que decirlo.”
“Los fractales sabeis lo que son, ¿no? Ya llevan de moda veinte años, es suficiente como para que todos los profesores hayamos dicho algo sobre eso, que queda bien.”
“No debemos refugiar nuestra ignorancia en palabras grandilocuentes ni pretendidamente incomprensibles.”
“Hay arquitectos que por su experiencia o por su edad se les espera cierta madurez y de repente cometen un atentado, perpetran un edificio.”
“¡Huid de la aleatoriedad! No está entre vuestros encargos.”
A propósito del post, una amiga y ex-alumna me ha enviado un vínculo al foro de la ETSA, de donde me saca las siguientes perlas:
" La folie era donde el señor del castillo se iba a limpiar el polvo a las estatuas con la doncella"
"Ese angelote maya se parece a Peter Seller,no puede ser mas inexpresivo"
Este año (2007) en clase de composición una chica defendía un proyecto en el q planteaba desviar el agua de un río bajo tierra. A lo k "el Bendito" le dijo k era una burrada. Ella protestó: "¡pues la alcaldesa de Málaga también defendía esto!" Respuesta de Benito: "Ya, es que la estupidez no es patrimonio de unos pocos" Sin comentarios. (Debo decir que aún sigo manteniendo esta idea...)
Mi querido amigo José María Cabeza nos ha regalado este texto del maestro Zhuangzi (o sería más apropiado decir el Maestro Zhuang), traducido por él mismo.
Escrito hace 2.400 años, el fragmento está habitado por el genio de la inmortalidad, que distingue a las obras maestras. Entre otras cosas ilustra sobre el carácter cíclico e irreductible de la naturaleza humana. Léanlo y asómbrense:
"Los antiguos dirigentes creían que el éxito del gobierno residía en el pueblo y el fracaso en ellos mismos. Por lo tanto, con que una sola persona perdiese la vida eran capaces de aceptar su responsabilidad y retirarse. Pero ahora es diferente. Los dirigentes actuales ocultan lo que debe hacerse y desprecian al pueblo llamándole ignorante cuando no les comprende. Infligen dificultades a los ciudadanos y los denuncian cuando no pueden superarlas. Imponen cargas excesivas y castigan a aquellos que se rebelan; fuerzan a los ciudadanos a trabajar hasta la extenuación y si no pueden continuar son eliminados. Cuando la gente ha llegado al límite de su capacidad y de sus fuerzas cae en el engaño. Si los dirigentes recurren a la hipocresía a diario, ¿cómo será que los funcionarios y el pueblo no se han de volver hipócritas?
Cuando la resistencia es insuficiente, la hipocresía aumenta; cuando el conocimiento no es suficiente surge la decepción; cuando escasean los bienes se incrementa el robo. ¿A quién deberíamos entonces culpar por tales actos de asalto y piratería?"
古之君人者,以得为在民,以失为在己;以正为在民,以枉为在已。故一形有失其形者,退而自责。今则不然,匿为物而愚不识,大为难而罪不敢,重为任而罚不胜,远其涂而诛不至。民知力竭,则以伪继之。日出多伪,士民安取不伪。夫力不足则伪,知不足则欺,财不足则盗。盗窃之行,于谁责而可乎

El tráfico en India es una revelación con consecuencias multidimensionales.
Nuestro sistema de pensamiento racional admite una relación causa-efecto con incrementos lineales o exponenciales. Basados en esta creencia se emiten normas y penalizan las infracciones, convencidos de que a mayor número de restricciones la seguridad será mayor y que, a menor número de infracciones a las normas de seguridad, el número de accidentes y de víctimas consecuentes disminuirá.
Este es nuestro acuerdo y nuestro contrato social al respecto.
Si fuese cierto, aplicando la lógica lineal (o peor, exponencial, según nos amenazan) de infracciones->riesgo->accidentes->víctimas, las calles de las ciudades indias estarían sembradas de cadáveres, víctimas de accidentes de tráfico; pasearíamos por cualquier calle de Delhi entre el ruido metálico de los choques y el gemido de los moribundos. Y sin embargo no es así. Desconozco las estadísticas, pero desde luego, sea mayor o menor el número de incidentes que sufren, no alcanza a constituir la hecatombe que sería consecuente con nuestra lógica.
¿Cuál es la explicación? La precisa y completa excede con mucho a mis conocimientos, pero ensayaré el boceto de una.
La única posibilidad no sobrenatural que vislumbro es que el tráfico constituya un sistema de flujos interrelacionados, sistema que puede responder a más de una estructura y que, dentro de cada estructura, presenta una lógica distinta, con leyes de funcionamiento, pero también de variabilidad, que difieren entre sí. Por lo tanto, no se puede predecir el comportamiento ni las variaciones de funcionamiento que se registrarán al introducir una modificación, aplicando las leyes de una estructura a otra.
El tráfico en India es inverosímil para los esquemas occidentales. Los niveles de “autonomía” en las decisiones de cada conductor, sin aparente sujeción a ninguna regla, rozan el absoluto. Es la selva casi perfecta. Un policía de tráfico aparece ocasionalmente con una larga porra de bambú, pero solo introduce más caos, con lo que la imagen que transmite es de castigo arbitrario de un dios cruel, y no de orden. Hay un lenguaje sonoro muy intenso. Todo el mundo usa su bocina continuamente, con el fin aparente de crear una burbuja acústica que anuncie su trayectoria a quien no lo vea. El resultado atronador parece no molestar a nadie e incluso funcionar. Pitando uno puede elegir cualquier camino, carril o dirección, abalanzándose contra peatones o bicicletas en sentido contrario. El adelantamiento selvático no respeta más límite que el del espacio geométrico que permite el paso, y aún éste se somete a especulaciones en el límite (acaso las primeras teorías cuánticas se urdieron en medio de un atasco en Kolkata).
El pandemónium resultante dista de ser comprensible de forma sencilla por un occidental, que por lo general reacciona con una mezcla de pánico y resignación.
Pero lo cierto es que, mal que bien, el tráfico funciona, con resultados de tragedia que no deben de ser tan distintos de los nuestros, al menos no proporcionalmente.
Hay que pensar que la estructura relacional es distinta, como sus normas intrínsecas. Esa estructura es coherente y autoequilibrada por elementos diversos que no voy a intentar analizar. Pero está claro que su interacción consigue un cierto tipo de balance no tan distinto al de otros sistemas.
Lo importante es que todos los participantes en el sistema se integran con pautas compatibles. A borde de un auto-rick en el caos (¿pero hay un cosmos alternativo?) de una avenida de Varanasi se me ocurrió pensar que si en ese momento se soltasen veinte daneses en moto en esa avenida, sobrevendría una masacre; el resultado en accidentes y bloqueo se me antoja incalculable. Ni peor ni mejor que si en el ordenado tráfico de una avenida de Franckfurt se sueltan veinte tuc-tucs de Delhi.
Jhansi. Enero 11

Esta entrada podría considerarse el post-prólogo de una serie que reflexionará sobre la cuestión que planteamos. En ella se propone que debemos considerar una perspectiva integradora de la ciudad contemporánea y futura, que dé respuesta unitaria a los problemas, a través de soluciones orgánicas; ya que soluciones sectarias y parciales, provocarían problemas “río abajo”, en el desarrollo de las mismas, derivadas de posibles incompatibilidades.
La clave para pensar estas soluciones la encontramos en el concepto de “ecosofía”, que aúna las aproximaciones al devenir del hombre y/en su medio, bajo un punto de vista encaminado a compatibilizar las acciones por la sostenibilidad, entendida como un proceso transicional hacia un escenario sustancialmente distinto al que nos ofrece el paradigma de consumo bajo el que vivimos, basado en recursos virtualmente ilimitados y sumideros que, mágicamente, no tienen fondo.
Por otro lado, no menos importante, afirmamos que la ciudad histórica es modelo válido y fuente de información e inspiración para este desarrollo integrador, evolutivo y sostenible.
Los términos que manejaremos en esta y sucesivas entradas los encontramos brevemente descritos y encuadrados en mi entrada anterior en este mismo blog, “PALABRAS MÁGICAS”.
Planteamiento
Entre la condición cambiante y problemática que presenta la ciudad contemporánea de la sociedad occidental, detectamos dos retos fundamentales: en primer lugar, su adaptación a los nuevos modos de habitar que la sociedad actual está demandando, a causa de los cambios en el paisaje humano y en las relaciones sociales; en segundo lugar, su sostenibilidad desde el punto de vista ecológico, como construido físico, en los términos que plantea el reto de la transición a una nueva estructura global de recursos.
La cultura dominante nos ofrece un modelo de vida. Esa vida se desarrolla en una serie de escenarios planificados para albergarla: unos tipos de ciudad y arquitectura determinados. Pero ese modelo es sólo una posibilidad, por más que intenten convencernos de que es la mejor, por no decir la única. Es evidente que hay otras formas de vida que responden a parámetros culturales distintos. Si otras vidas son posibles, ¿requieren escenarios distintos? y ¿hasta qué punto la naturaleza de esos escenarios influye en la vida que podemos desarrollar en ellos? O dicho de otra forma ¿cuánto puede influir la arquitectura en la vida que llevamos? y también, para proponer un cambio en nuestras vidas, ¿necesitamos cambiar nuestras casas, nuestra ciudad?.
Por otro lado, un nuevo y descomunal reto se plantea ante nuestras sociedades, nuestra civilización: el reto de la sostenibilidad. Nuestras ciudades, el hábitat construido que nos damos a nosotros mismos, no puede perpetuarse tal y como lo conocemos hasta ahora mucho más tiempo. Es más, la misma supervivencia de la especie humana en el planeta, parece amenazada precisamente por los parámetros con los que se ha desarrollado ese hábitat.
La coincidencia en el tiempo y en el espacio de estas dos cuestiones (nuevas formas de vida y necesidad de cambiar las estructuras urbanas y arquitectónicas hacia la sostenibilidad), deben poder sugerirnos una línea de reflexión. En este sentido, pretendemos una aproximación “ecosófica”, según el término de Guattari, en la que se encuentren de forma natural y sinérgica, las tendencias y necesidades sociales con las prioridades ecológicas que constituyen el nuevo paradigma cultural.
Vamos a intentar desarrollar algunas ideas sobre estas cuestiones, aunque no se garantizan respuestas universales, lo que diferencia a la investigación y la reflexión de la publicidad.
Hace muchos miles de años el hombre pensó que podía mejorar las condiciones que le ofrecía la caverna o el reparo del bosque, modificándolas a su conveniencia, y comenzó a labrarse un refugio, urdido por su propio ingenio. Desde ese momento, en el que tenemos derecho a pensar que nació la Arquitectura, los edificios que el hombre ha construido para su uso han condicionado las formas de vida, las actividades que en ellos se han desarrollado. Otro tanto, por extensión y acumulación, podemos decir de la ciudad.
Este condicionamiento que nuestro medio físico nos impone, era de alguna forma la recíproca inevitable al hecho esencial de la arquitectura: cambiar las condiciones que nos venían dadas por el entorno. Si se modificaban unas determinadas condiciones era para crear otras, perseguidas por los que ideaban el edificio. Esas eran, a la postre, las condiciones que determinaban el uso para los ocupantes.
Probablemente, los parámetros que la arquitectura pretendía y podía modificar en los orígenes se limitaron al bienestar: mejorar la temperatura, proteger de las inclemencias meteorológicas, proporcionar seguridad... Este listado ha ido aumentando conforme la civilización ha ido incrementando y haciendo más complejo el catálogo de los parámetros que la componen, susceptibles de ser determinados, expresados, controlados por la arquitectura.
Así podemos resumir que el medio construido (edificios y ciudad) es un compendio de objetividad y semántica, condiciones físicas e información, cuya estructura y materialización vienen estudiados y definidos por las disciplinas que producen dicho medio (arquitectura y urbanismo).
Los hombres, desde el individuo hasta las más complejas sociedades, se han servido de estas disciplinas para modificar las condiciones físicas y transmitir información a través de sus obras. Esta intención primaria es común a quien construye un establo para proteger a su ganado y a quienes deciden levantar una mezquita para orar y al tiempo dejar clara la importancia de su religión en la jerarquía social. Los medios y naturaleza de las intenciones son, evidentemente, muy distintos, pero comparten un conocimiento y gesto esencial común: con la arquitectura modificaremos las condiciones del medio.
Hasta aquí sólo se ha enunciado una obviedad: que la forma, materiales y disposición de los edificios y la ciudad condicionan la vida de sus usuarios. Pero convenía detenernos en el origen de este hecho que de tan evidente con frecuencia olvidan legisladores, encargantes, proyectistas y usuarios, porque es el que sostiene las ideas que seguirán en sucesivas entradas."... Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en | |
Tampoco es probable encontrar palabras bastantes para describir la inquietud que transmite este listado, que se resiste a cualquier catalogación taxonómica... ese "etcétera" en medio del la lista hace ya suficientemente incomprensible el conjunto, pero no contento, Borges elenca a su vez "los incluidos en esta clasificación"(!) destruyendo irremisiblemente los cimientos de la lógica, uno de cuyos pilares es que lo listado no se puede incluir en una lista, como no se puede incluir lo definido en la definición. Sólo para rememorar estas dos listas hubiese merecido la pena la conferencia. Gracias _______________________________________________________ Mi buen amigo Carlos Porras me facilita un nuevo elenco nada desdeñable, se trata del índice de una obra de Fray Andrés de San Miguel, fraile carmelita y gaditano por más señas, emigrado a México para difundir la carpintería de lo blanco, en su calidad de arquitecto de la orden, a finales del XVI y principios del XVII. Lo transcribo: Primera Parte: Templo del Rey Salomón. Análisis de templos del Perú. (¿estuvo alguna vez allí?) Reglas para construir iglesias de la Orden. Segunda Parte: Tratado de arquitectura. Tratado de matemáticas. Tercera Parte: Tratado de Hidráulica: aguas, acueductos, bombas y desagües de la ciudad. Relación del viaje a Nueva España en la Santa María de la Merced. Demostración de la Gracia de la Virgen mediante cálculos numéricos. Breves notas sobre priscos y melocotones. Esto se llama ir de lo general a lo particular. Los dos últimos apartados se prometen apasionantes. Es brillante la nota de Carlos en la que me hace una lúcida reflexión: "Te recuerdo que, Alcaudete, que hasta hace tiempo era un reconocido productor de orejones, tiene por patrona a la Virgen de la Fuensanta..... " lo que resuelve, de momento, la relación entre el tratado de hidráulica, la gracia de la Virgen y los melocotones. Algo hemos avanzado (si admitimos que Fray Andrés tuvo su revelación particular en las inmediaciones de Alcaudete, claro...). |
no es una duda muy práctica, lo sé, pero me acompaña desde la infancia, lo que probablemente da una idea de que ya debía ser un niño bastante rarito.
p.s.1. los daltónicos confunden colores, por lo general los rojos y verdes son algo entre un marrón y un morado que no pueden distinguir, no es que vean colores distintos, porque si los distinguiesen entre sí, por el principio anterior, sabrían lo que es verde y rojo y nadie podría decir que son daltónicos.
p.s.2. en japonés no existe el color verde. todo es azul. los árboles y la hierba en japón son azules. tonos de azul distinto, obviamente, al del cielo, como aquí distinguimos el azul del cielo y el del mar. este hecho me ha inquietado ligeramente desde que lo conozco.
uno de los tics más irritantes de la postmodernidad líquida es el desprecio al turismo, que todos hemos ejercitado más o menos displicentemente ante alguna bulla de sonrosados sajones en pantalón corto o disciplinados orientales buscando el banderín amarillo. mea culpa. el grado supino de papanatismo en esta especialidad es la distinción entre "turista" y "viajero", ante la cual, casualmente, el que la cita siempre se autoproclama "viajero", mientras en su fuero interno jura por enésima vez tirar el macuto de travelplan que conserva en el altillo.
podemos citar a bowles cuando sentenciaba que "sólo es viajero aquél que no sabe si un día volverá". y yo no conozco a nadie que haya quemado las naves, entre otras cosas porque hoy en día son de iberia y te meten un paquete por terrorismo.
dicho todo lo cual, es cierto que la turistización de un lugar (coño, qué porquería de palabro) lo aniquila, le roba el alma, lo deja inservible. y no es una cuestión personal, adolescente, de "yo no soy como ellos". no, es una cuestión estructural, industrial; un proceso de mercadotecnia que ha derivado en una máscara que el lugar ha construido sobre si mismo para su consumo por la avalancha de turistas programados. esa máscara tiene algo de caricatura, de exageración y simplificación simultáneas de los rasgos locales, para su fácil apreciación por parte del turista poco atento, quizá poco sensible, probablemente poco preparado y con seguridad muy apresurado. es, en definitiva, un parque temático del propio lugar superpuesto al original, eliminando todas esas cosas enojosas y aburridas que tiene la realidad y, desde luego, evitando que el buen turista tenga que relacionarse con ella. en ocasiones la máscara usa de los elementos físicos de la realidad, los monumentos, los paisajes, y los entreteje con la ficción generada o recreada, como en un robocop de ciencia ficción; en otras ocasiones, el destino turístico original fue depauperado hace mucho y todo lo que percibimos es ya pura escenografía.
en cualquier caso, lo que percibimos, a poco que nuestra atención, sensibilidad o simplemente disponibilidad de tiempo nos lo permita, es deplorable: un armatoste sin alma que, en el peor de los casos (la alambra), usa el cadáver del lugar original, en un macabro comercio necrófilo, asesinado por los mercaderes. ése es el problema con el turismo, la banalización de la belleza, la divulgación de lo sublime (este propósito le parecerá magnífico a más de un imbécil, seguramente consejero de turismo o algo en algún taifa, pero un mínimo repaso etimológico evidencia la contradicción intrínseca, biológica, que impide la coexistencia de lo sublime y la divulgación, donde aquello suele morir en presencia de ésta).
los procesos que llevan a la transformación de los lugares son complejos, paulatinos y seguramente inconscientes en muchas de sus fases, pero el resultado es reconocible por todos.
yo soy turista, un simple turista, pero en la medida en la que me concedo tiempo para contemplar y pensar en lo que he visto, procuro informarme y me gusta relacionarme con los locales, conocer su circunstancia y sus porqués, la superestructura turística me resulta agotadora, impenetrable, inservible. qué más quisiera yo que recrearme y conocer la esencia de la alambra (de nuevo), piazza san marco, el templo de tiem-piè, las cataratas de niagara, chichén itzá o una playa de bali, pero es que no me dejan, los han aniquilado, no existen y además, con mala suerte, me empujan, circule por favor, que ya venden postales a la salida. así que los que pretendemos viajar despiertos tenemos que conformarnos con sitios inferiores, seguramente menos bellos que aquéllos que el turismo fagocitó. a cambio nos relacionamos con seres y lugares vivos, sin impostura. a cambio podemos relacionarnos y enriquecernos, buscar ese raro fruto que es aprender genuinamente de lo realmente distinto.
Me siento, en la terraza del jardín del Ha An, el hotel en Hoi An, arropado, mimado por una marea de esfuerzo humano. Una mujer lleva dos días en cuclillas cortando el césped con unas enormes tijeras de podar y un gorro cónico por toda ayuda (lo de las cuclillas merece un comentario aparte, pero es una postura inverosímil en la que sólo un indochino anoréxico puede considerar comodísima, hasta el punto de quedarse dormido… me pregunto si les pareceremos rarísimos sentados y con las piernas cruzadas). Un ejército de apenas niñas se afana concienzuda y parsimoniosamente en mantener todo perfecto, como si el tiempo no existiese ni, por supuesto, su ordinario concepto asociado de ‘productividad’. Por otro lado, su aspecto impoluto, su impecable vestimenta, la seria dignidad, incluso gallardía con la que se aplican a sus tareas, dan una imagen que, muy lejos de la explotación ni nada parecido, transmite naturalidad en el trabajo como la forma correcta de pasar el tiempo. Y es que parece que para los viet la vida es el trabajo, hay una identificación natural entre ambos, que sólo deja fuera (esa es la percepción) parcelas no pequeñas para dormir la siesta, comer a todas horas, de todo y en cualquier lado, y, supongo, dedicarse a sus afectos. Como recuerda nuestro guía en el sur, Thanh, el trabajo para el vietnamita es algo ligado al negocio, a buscarse la vida, es un autónomo por naturaleza y el salario no es su forma espontánea de comprenderlo. Por esto el comunismo en Vietnam, antes que en ningún otro sitio, aceptó el libre mercado como condición para subsistir; y por eso también, probablemente, Vietnam es el más próspero y creciente país de los que aún soportan un régimen comunista.