según algún diccionario: colección de inscripciones recuperadas en fragmentos de lápidas de época clásica.

6.4.09

Primavera en Quebec

http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudad_de_Quebec

Nunca pensé en venir a Canadá. Uno de los países que me producían menos curiosidad en el mundo; pero volver por segunda vez en menos de un año sí que ha superado todas mis expectativas de lo que decididamente no iba a hacer.

Creo que ya lo he dicho en algún sitio, como naturaleza Canadá es espectacular, en cuanto a sus ciudades... bueno, uno puede morir sin conocerlas. Aquí también existe el chiste que en España atribuimos impíamente a Badajoz: el concurso que como primer premio tiene una semana en Toronto y como segundo premio dos semanas en Toronto. Pues por ahora Toronto es la ciudad que más me ha interesado en Canadá.

Para poder decir que Quebec me ha decepcionado debería poder decir que tenía alguna expectativa sobre ella. Cuando vine a Canadá como turista la evité decididamente y ahora que la vida académica y de charlatán me han traído aquí puedo decir que fue una decisión perfectamente razonable. Y con todo, no está absolutamente exenta de interés, como seguramente no lo están ninguna de las que el hombre, por una u otra razón, ha construido. Pero se presenta turísticamente como una "joya europea en América", lo que anuncia una marea inevitable de pretenciosidad y kitsch que uno puede ahorrarse. Amenaza además con el poco tranquilizador título de ser la ciudad más turística de Canadá. La realidad no es tan grave, pero en fin, con las mismas horas de viaje uno llega a sitios incomparablemente más fascinantes y si lo que busca son ejemplos de ciudad europea, pues qué decir...


Sólo la condición de ser la única ciudad amurallada al norte de México ya anuncia su carácter europeo. Su fundación en 1608 y rápido desarrollo, que debe a su condición de puerto interior en el San Lorenzo, construyen pronto una ciudad que ha llegado a nosotros como "Vieux-ville", reconocible desde los parámetros de las urbes francesas contemporáneas, condicionada por las características de la colonia, pero mucho más vinculada morfológicamente a la metrópoli de lo que lo estuvieron nunca las inglesas. Dentro de los rasgos coloniales está, claro, la ausencia de traza medieval, aunque la orografía dota a la ciudad de un movimiento que "camufla" esta evidencia. Por otro lado es notable el conjunto de circunstancias que han concurrido en la voluntad decidida de mantener esa ciudad antigua a pesar de las numerosas destrucciones que ha padecido debido a la entretenida relación entre franceses e ingleses por estas latitudes. Es una ciudad que se ha reformulado como la ciudad precedente que era a pesar de los avatares históricos, con una especie de reivindicación de su personalidad fundamentada en el pasado y no en el futuro, lo que no es nada americano. Esa reivindicación se ha mantenido desde un momento sorprendentemente temprano, con una rara conciencia de la singularidad de la ciudad en este extremo del continente. Sus gobernantes ingleses, a finales del XIX, decidieron ya respetar las murallas en lugar de demolerlas, lo que para la época se trata de un insólito gesto de visión patrimonial (o turística, no olvidemos la tradición viajera y pintoresca inglesa a lo largo del ochocientos). Eso sí, las murallas se rebajaron para permitir la vista del paisaje, por lo que desde su interior se perciben como una especie de super-pretil que protege del escarpe. Otro ejemplo de la decisión de mantener la ciudad es el de la catedral, destruida hasta dos veces y vuelta a levantar con la traza original. Seguramente la religión y el carácter extremadamente conservador que ha caracterizado a su población tienen que ver con este fenómeno de mantenimiento de la identidad. Aquí parece que el catolicismo ha tenido un tinte de poderoso cohesionador social, muy en especial contra la dominación inglesa primero y contra la federación canadiense después. Aunque no olvidemos que aquí sigue habiendo reina, y es su graciosa majestad Isabel II (!)
Con todo, arquitectónicamente, lo más interesante de la ciudad es el caserío. La colección de tipologías y soluciones constructivas, así como las adaptaciones y transformaciones que leen la ciudad a través del tiempo nos dan la visión más rica de la ciudad viva que fue, desde los pocos ejemplos que se conservan de los orígenes hasta las desigualmente afortunadas intervenciones del XX, pasando por los dwelings de la dominación británica o el historicismo de los florecientes comerciantes decimonónicos.

La ciudad al exterior de los muros seguramente merecería un comentario, o muchos, pero la he frecuentado poco. Los caminos históricos al sur se han consolidado en el altiplano como las avenidas principales que comunican con el mundo más´állá de los ríos, flanqueadas de barrios que en ocasiones son ya históricos, con un caserío igualmente interesante, en el que abunda el tipo triplex que he comentado ya en la entrada dedicada a Montreal, con ese aire colonial indefinible y que genera unas calles tan bonitas y vivideras, con ese espacio para la convivencia entre lo público y lo privado que constituyen las balconadas y el jardín formado en el ancho de la escalera. Tampoco faltan los palacetes historicistas, granados por ejemplos sorprendentes tipo château o los más elegantes cottage



Lo de la arquitectura del château aquí ha hecho mucho daño. Invento de los arquitectos de la Compañía del Ferrocarril, que desarrollaron estaciones y hoteles paralelamente a su movimiento de expansión por el país a lo largo del XIX. Con poca imaginación, nulo gusto y un rotundo desprecio al sentido de la proporción, aquellos mastuerzos levantaron moles angustiantes en aquellas ciudades a las que llegaron, pinaculadas de cobre verde sobre montañas de ladrillo, con gran despliegue de neogótico. El resultado más visible en Quebec el el descomunal y bombástico Hotel Château Fontenac, orgullo de la ciudad que se levanta en el punto más prominente del risco para convertirse en el edificio más fotografiado de la ciudad y, sin duda, uno de los más feos y desproporcionados que he visto en mi vida. Pero no hay que olvidar la nada despreciable estación de trenes. Igual pero quitándole varias plantas, resulta una tarta aplastada bajo un descomunal tejado de blancanieves en su peor momento Walt Disney.

En fin, este lugar desubicado, último bastión septentrional de la civilización en la región de Quebec, aislado en medio de una región escasamente habitada, sobre un peñasco que parte los ríos San Lorenzo y San Carlos y para el que una copiosa nevada a diez bajo cero es su idea de primavera, este lugar, digo, es el que me ha entretenido una semana pensando qué se me habrá perdido en este sitio.

Nota climática: De nuevo verificamos la importancia de las corrientes marinas y de aire en los climas de los lugares, más allá de los datos de latitud y longitud. El caso de las orillas del Atlántico siempre me sorprende por más que sea tan conocido y explicado. Este sitio, junto a un gran río, al nivel del mar y a 46ºN (poco más arriba de los Pirineos, por tanto), soporta condiciones invernales que en Europa tendríamos que ir a buscar a Siberia (para conseguir -12º de temperatura media en enero y sólo 4º de media anual hay que pasar mucho frío). Y el verano, siendo suave, tiene puntas de temperatura considerables, que conviven con una humedad muy elevada. Una delicia. Lo que hace la gente por dinero...

12.2.09

la simplicidad. michaux

últimamente michaux me rodea. no sé si será coincidencia o una de esas modas revival que ocasionalmente arrecian.
citas, conferencias, proyecciones, comentarios literarios... el perfil poliédrico del tipo se va perfilando ante mí.

la última impagable aportación ha sido de mi amigo paco beltrán desde su blog "cajas, cajitas, cajones..."
ahí va, gracias paco:

"Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce a error."
Edgar Allan Poe (1809-1849)


"Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida, ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo cambiar.
Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada,
la tomo y me acuesto con ella al instante.
Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo
debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.
Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida. Ese será mi regalo.
Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la
hago desaparecer inmediatamente.
Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo
suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo
como se me antojaba.
Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo.)"

La simplicidad

Henri Michaux

19.1.09

duda

siempre me ha inquietado una duda. vamos a ver, la convención cromática nos enseña a todos desde pequeñitos que esa mesa es verde. si no tenemos averiadas las células oculares ni las conexiones neuronales competentes, ante frecuencias lumínicas análogas seremos capaces de reconocer que estamos ante otro objeto verde, por asociación será fácil pronto llegar a identificar la idea visual de "lo verde". y como fisiológicamente nos parecemos, individuos "cromáticamente sanos" (concepto interesante) identificaremos mayoritariamente como verde el mismo grupo de objetos, debido a la información que de pequeños recibimos en ese sentido. bien hasta aquí, pero la duda es, íntimamente, ¿vemos todos el mismo color? esa mesa que reconocemos como verde, ¿produce en todos la misma percepción? si hubiese un dios menor que pudiese ver a traves de nuestros ojos, lo que realmente vemos, ¿diría que todos vemos lo mismo?

no es una duda muy práctica, lo sé, pero me acompaña desde la infancia, lo que probablemente da una idea de que ya debía ser un niño bastante rarito.


p.s.1. los daltónicos confunden colores, por lo general los rojos y verdes son algo entre un marrón y un morado que no pueden distinguir, no es que vean colores distintos, porque si los distinguiesen entre sí, por el principio anterior, sabrían lo que es verde y rojo y nadie podría decir que son daltónicos.

p.s.2. en japonés no existe el color verde. todo es azul. los árboles y la hierba en japón son azules. tonos de azul distinto, obviamente, al del cielo, como aquí distinguimos el azul del cielo y el del mar. este hecho me ha inquietado ligeramente desde que lo conozco.

15.1.09

CODERCH: No son genios lo que necesitamos

A veces le dan a uno las entradas hechas. No sé si un blog es un sitio para copiar textos ajenos, pero varias de las cosas que me gustaría decir o haber dicho ya las dijo José Antonio Coderch en 1960. Así que hoy va a haber suerte, ahí va:

"...

Al escribir esto no es mi intención ni mi deseo sumarme a los que gustan de hablar y teorizar sobre Arquitectura. Pero después de veinte años de oficio, circunstancias imprevisibles me han obligado a concretar mis puntos de vista y a escribir modestamente lo que sigue:

Un viejo y famoso arquitecto americano, si no recuerdo mal, le decía a otro mucho más joven que le pedía consejo: “Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas.” También le decía: “Detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves.” Un hombre; no decía siquiera un arquitecto.

No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas, siempre dudosos. Algo de tradición viva está todavía a nuestro alcance, y muchas viejas doctrinas morales en relación con nosotros mismos y con nuestro oficio o profesión de arquitectos (y empleo estos términos en su mejor sentido tradicional). Necesitamos aprovechar lo poco que de tradición constructiva y, sobre todo, moral ha quedado en esta época en que las más hermosas palabras han perdido prácticamente su real y verdadera significación.

Necesitamos que miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (en mayúscula), en dinero o en las ciudades del año 2000, y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor)
.

Tengo el convencimiento de que cualquier arquitecto de nuestros días, medianamente dotado, preparado o formado, si puede entender esto también puede fácilmente realizar una obra verdaderamente viva. Esto es para mí lo más importante, mucho más que cualquier otra consideración o finalidad, sólo en apariencia de orden superior.

Creo que nacerá una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.

Creo que para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo. Creo que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador.

Imagino a la sociedad como una especie de pirámide, en cuya cúspide estuvieran los mejores y menos numerosos, y en la amplia base las masas. Hay una zona intermedia en la que existen gentes de toda condición que tienen conciencia de algunos valores de orden superior y están decididos a obrar en consecuencia. Estas gentes son aristócratas y de ellos depende todo. Ellos enriquecen la sociedad hacia la cúspide con obras y palabras, y hacia la base con el ejemplo, ya que las masas sólo se enriquecen por respeto o mimetismo. Esta aristocracia, hoy, prácticamente no existe, ahogada en su mayor parte por el materialismo y la filosofía del éxito. Solían decirme mis padres que un caballero, un aristócrata es la persona que no hace ciertas cosas, aun cuando la Ley, la Iglesia y la mayoría las aprueben o las permitan. Cada uno de nosotros, si tenemos conciencia de ello, debemos individualmente constituir una nueva aristocracia. Este es un problema urgente, tan apremiante que debe ser acometido en seguida. Debemos empezar pronto y después ir avanzando despacio sin desánimo. Lo principal es empezar a trabajar y entonces, sólo entonces, podremos hablar de ello.
Al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias, a la ligereza, la prisa, la falta de vida espiritual o de conciencia hay que enfrentar la dedicación, el oficio, la buena voluntad, el tiempo, el pan de cada día y, sobre todo, el amor, que es aceptación y entrega, no posesión y dominio. A esto hay que aferrarse.
Se considera que cultura o formación arquitectónica es ver, enseñar o conocer más o menos profundamente las realizaciones, los signos exteriores de riqueza espiritual de los grandes maestros. Se aplican a nuestro oficio los mismos procedimientos de clasificación que se emplean (signos exteriores de riqueza económica) en nuestra sociedad capitalista. Luego nos lamentamos de que ya no hay grandes arquitectos menores de sesenta años, de que la mayoría de los arquitectos son malos, de que las nuevas urbanizaciones resultan antihumanas casi sin excepción en todo el mundo, de que se destrozan nuestras viejas ciudades y se construyen casas y pueblos como decorados de cine a lo largo de nuestras hermosas costas mediterráneas.
Es por lo menos curioso que se hable y se publique tanto acerca de los signos exteriores de los grandes maestros (signos muy valiosos en verdad), y no se hable apenas de su valor moral. ¿No es extraño que se hable o escriba de sus flaquezas como cosas curiosas o equívocas y se oculte como tema prohibido o anecdótico su posición ante la vida y ante su trabajo?
¿No es curioso también que tengamos aquí, muy cerca, a Gaudí (yo mismo conozco a personas que han trabajado con él) y se hable tanto de su obra y tan poco de su posición moral y de su dedicación?
Es más curioso todavía el contraste entre lo mucho que se valora la obra de Gaudí, que no está a nuestro alcance, y el silencio o ignorancia de la moral o la posición ante el problema de Gaudí, que esto sí está al alcance de todos nosotros.
Con grandes maestros de nuestra época pasa prácticamente lo mismo. Se admiran sus obras, o , mejor dicho, las formas de sus obras y nada más, sin profundizar para buscar en ellas lo que tienen dentro, lo más valioso, que es precisamente lo que está a nuestro alcance. Claro está que esto supone aceptar nuestro propio techo o límite, y esto no se hace así porque casi todos los arquitectos quieren ganar mucho dinero o ser Le Corbusier; y esto el mismo año en que acaban sus estudios. Hay aquí un arquitecto, recién salido de la Escuela, que ha publicado ya una especie de manifiesto impreso en papel valioso después de haber diseñado una silla, si podemos llamarla así.
La verdadera cultura espiritual de nuestra profesión siempre ha sido patrimonio de unos pocos. La postura que permite el acceso a esta cultura es patrimonio de casi todos, y esto no lo aceptamos, como no aceptamos tampoco el comportamiento cultural, que debería ser obligatorio y estar en la conciencia de todos.
Antiguamente el arquitecto tenía firmes puntos de apoyo. Existían muchas cosas que no eran aceptadas por la mayoría como buenas o, en todo caso, como inevitables, y la organización de la sociedad, tanto en sus problemas sociales como económicos, religiosos, políticos, etc., evolucionaba lentamente. Existía, por otra parte, más dedicación, menos orgullo y una tradición viva en la que apoyarse. Con todos sus defectos, las clases elevadas tenían un concepto más claro de su misión, y rara vez se equivocaban en la elección de los arquitectos de valía; así, la cultura espiritual se propagaba naturalmente. Las pequeñas ciudades crecían como plantas, en formas diferentes, pero con lentitud y colmándose de vida colectiva. Rara vez existía ligereza, improvisación o irresponsabilidad. Se realizaban obras de todas clases que tenían un valor humano que se da hoy muy excepcionalmente. A veces, pero no con frecuencia, se planteaban problemas de crecimiento, pero afortunadamente sin esa sensación, que hoy no podemos evitar, de que la evolución de la sociedad es muy difícil de prever como no sea a muy corto plazo.
Hoy día las clases dirigentes han perdido el sentido de su misión, y tanto la aristocracia de la sangre como la del dinero, pasando sobre todo por la de la inteligencia, la de la política y la de la Iglesia o iglesias, salvo rarísimas y personales excepciones contribuyen decisivamente, por su inutilidad, espíritu de lucro, ambición de poder y falta de conciencia de sus responsabilidades al desconcierto arquitectónico actual.
Por otra parte, las condiciones sobre las cuales tenemos que basar nuestro trabajo varían continuamente. Existen problemas religiosos, morales, sociales, económicos, de enseñanza, de familia, de fuentes de energía, etcétera, que pueden modificar de forma imprevisible la faz y la estructura de nuestra sociedad (son posibles cambios brutales cuyo sentido se nos escapa) y que impiden hacer previsiones honradas a largo plazo.
Como he dicho ya en líneas anteriores, no tenemos la clara tradición viva que es imprescindible para la mayoría de nosotros. Las experiencias llevadas a cabo hasta ahora y que indudablemente en ciertos casos han representado una gran aportación, no son suficientes para que de ellas se desprenda el camino imprescindible que haya de seguir la gran mayoría de los arquitectos que ejerce su oficio en todo el mundo. A falta de esta clara tradición viva, y en el mejor de los casos, se busca la solución en formalismos, en la aplicación rigurosa del método o la rutina y en los tópicos de gloriosos y viejos maestros de la arquitectura actual, prescindiendo de su espíritu, de su circunstancia y, sobre todo, ocultando cuidadosamente con grandes y magníficas palabras nuestra gran irresponsabilidad (que a menudo sólo es falta de pensar), nuestra ambición y nuestra ligereza. Es ingenuo creer, como se cree, que el ideal y la práctica de nuestra profesión pueden condensarse en slogans como el del sol, la luz, el aire, el verde, lo social y tantos otros. Una base formalista y dogmática, sobre todo si es parcial, es mala en sí, salvo en muy raras y catastróficas ocasiones. De todo esto se deduce, a mi juicio, que en los caminos diversos que sigue cada arquitecto consciente tiene que haber algo común, algo que debe estar en todos nosotros. Y aquí vuelvo al principio de esto que he escrito, sin ánimo de dar lecciones a nadie, con una profunda y sincera convicción.
..."

14.12.08

MoMA NYC 281008

Visita al Museum of Modern Art (después de la reforma-ampliación).
www.moma.org

El nuevo contenedor es elegante, buena arquitectura. El contenido, sin duda, impresionante, un puñado de iconos del siglo XX imprescindibles, sobre el fondo de una sólida colección; mi visita sin embargo es sólo el cumplimiento inevitable de un rito social absurdo. No recibes ninguna información que no esté mejor recogida y ordenada en mil manuales; y por otro lado, no hay posible contemplación ni emoción en esta avalancha humana de rebajas de la mitología creadora del siglo XX.

UNA DE POSITIVISMO

"In any moment of decision the best thing you can do is the right thing, the next best thing is the wrong thing and the worst thing you can do is nothing"

Theodore Roosvelt

Uf, qué más voy a decir. Eso es espíritu constructivo. Así se hace un país y lo que haga falta. Aunque a lo peor es fácil pasarse un pelo con ese espíritu. Pero leído en una pared de Nueva York uno tiene claro que se lo han creído.

13.12.08

ARTE ORIENTAL

Al pasear las muy considerables colecciones de arte oriental (chino, japonés, coreano...) del Met Museum se da uno cuenta hasta que punto hay un mundo ingente y complejo cuya naturaleza, extensión y claves desconocemos. 
Intentando comprender la naturaleza de la expresión humana ensayamos una explicación del mundo del arte (por extensión de la sociedad, del Mundo) ignorando lo que puede representar la mitad o más de la realidad. Nos asomamos a la belleza de esa mitad con asombro e incomprensión, sin saber la razón o la estructura que explica la obra o su génesis. Hay una aventura fascinante en el descubrimiento de ese mundo, ese lenguaje, esa razón mito-poética que alimenta los sueños del creador oriental.
Quizá utilizando las propias claves como punto de apoyo, quizá viéndose obligado a abandonarlas y comenzar de cero... literalmente el descubrimiento de un nuevo planeta con su porqué.

NYC Nov.08

19.10.08

CAMINO a ninguna parte

anoche me equivoqué. qué le vamos a hacer, eso pasa. perdí lamentablemente seis euros y dos horas y media. confié en Jafier Fesser y me tragué una de las películas más infumables que he padecido últimamente.
"Camino" es un pestiño de película, no hay que darle más vueltas, no perdamos el tiempo en sesudos análisis, mucho mejor no verla ni en el sofá, y punto. miras demasiadas veces el reloj, charlas con los acompañantes, piensas en dónde vas a ir a cenar...
a lo mejor intenta ser polémica o algo así, quizá pretende criticar al Opus, no sé. el resultado sólo es insustacial, banal, obvio... si alguien del Opus se cabrea es que es muy fácil de provocar, porque no merece la pena.
en la peli una niña tiene cancer, la cuidan bien pero se muere, vaya, se siente, esas cosas pasan. además está infantilmente enamorada de otro niño y la madre es del Opus. vaya, qué emoción.
como no hay guión, Fesser ensaya la crítica al Opus y mira que es fácil, pero ni eso le sale. el retrato de la organización es bastante fiel, doy fe, salvo en dos o tres pequeños y absurdos detalles exagerados que no hacían falta. y por lo tanto pues sólo resulta la imagen de unos señores muy religiosos con los que puedes estar de acuerdo o no, pero no hacen nada malo. como no consigue sacarle defectos graves, empieza con demagogia colateral: todos los del Opus sobreactuan con cara agria de cabreados, mirada alucinada y parece que les han metido un palo por el culo, y la niña tiene pesadillas porque la madre le reza el jesusuto de mi vida antes de dormir, pobre niña torturada. por cierto, el recurso cinematográfico de los sueños de la niña es patético y sobra entero.
en fin, la cosa es de un elemental que no se sostiene, hay que ser muy fanático de no sé bien qué para sacarle la punta, porque el sectarismo y la pobreza de los recursos es muy evidente. si uno es un beligerante contra el Opus y mínimamente inteligente debe de sentir vergüenza ajena por el intento de Fesser.
así que el sumatorio resulta en ciento cincuenta minutos de nada, pero eso sí, una nada muy melodramática.
ps. he oído una crítica de la película en la que decía que es una mezcla de "mar adentro" y "el milagro de p-tinto". no es muy acertada pero es divertida la imagen y puede dar una idea del ambiente.

corolario sobre la restauración

en el post anterior un amigo ha hecho un lúcido comentario, en el que pone un ejemplo con la ciudad francesa de Carcassonne (www.carcassonne.org - Carcasona en español). hay que leer el comentario antes de leer este post.

esta ciudad presenta una curiosa paradoja sobre el valor del patrimonio del que disfrutamos como turistas, que implica una vuelta de tuerca interesante al concepto de lo que buscamos/encontramos como viajeros. el caso de Carcassonne tiene un divertido componente histórico respecto al exin castillos del que se disfruta.
fue Violet Ledoux, arquitecto del XIX el responsable de la "restauración" de sus murallas,el icono más visible de la ciudad.
para el que no conozca las teorías de Ledoux, resumiré que este señor defendía que las ruinas históricas había que restituirlas a su estado original, reproduciendo íntegramente hasta la última piedra los edificios, ya que teníamos los datos y los medios para ello, dejándolos como nuevos.
en Carcassone demostró un gran despliegue de medios, pero le falló la información. Ledoux forró la muralla ruinosa y levantó los imponentes paños, torres y puertas medievales que hoy contemplamos, en perfecto estillo bajo-medieval, época a la que suponía que pertenecían los restos.
el problema es que investigaciones recientes han demostrado que las murallas que "restauró" Ledoux eran romanas y nunca hubo unas como las que se inventó, con lo que el falso histórico que levantó no sólo lo es en la materialidad de las murallas, sino que además nunca fueron así y, de paso, se cargó una de las mejores y más completas murallas romanas del mundo.

2.9.08

el turista tranquilo

uno de los tics más irritantes de la postmodernidad líquida es el desprecio al turismo, que todos hemos ejercitado más o menos displicentemente ante alguna bulla de sonrosados sajones en pantalón corto o disciplinados orientales buscando el banderín amarillo. mea culpa. el grado supino de papanatismo en esta especialidad es la distinción entre "turista" y "viajero", ante la cual, casualmente, el que la cita siempre se autoproclama "viajero", mientras en su fuero interno jura por enésima vez tirar el macuto de travelplan que conserva en el altillo.
podemos citar a bowles cuando sentenciaba que "sólo es viajero aquél que no sabe si un día volverá". y yo no conozco a nadie que haya quemado las naves, entre otras cosas porque hoy en día son de iberia y te meten un paquete por terrorismo.
dicho todo lo cual, es cierto que la turistización de un lugar (coño, qué porquería de palabro) lo aniquila, le roba el alma, lo deja inservible. y no es una cuestión personal, adolescente, de "yo no soy como ellos". no, es una cuestión estructural, industrial; un proceso de mercadotecnia que ha derivado en una máscara que el lugar ha construido sobre si mismo para su consumo por la avalancha de turistas programados. esa máscara tiene algo de caricatura, de exageración y simplificación simultáneas de los rasgos locales, para su fácil apreciación por parte del turista poco atento, quizá poco sensible, probablemente poco preparado y con seguridad muy apresurado. es, en definitiva, un parque temático del propio lugar superpuesto al original, eliminando todas esas cosas enojosas y aburridas que tiene la realidad y, desde luego, evitando que el buen turista tenga que relacionarse con ella. en ocasiones la máscara usa de los elementos físicos de la realidad, los monumentos, los paisajes, y los entreteje con la ficción generada o recreada, como en un robocop de ciencia ficción; en otras ocasiones, el destino turístico original fue depauperado hace mucho y todo lo que percibimos es ya pura escenografía.
en cualquier caso, lo que percibimos, a poco que nuestra atención, sensibilidad o simplemente disponibilidad de tiempo nos lo permita, es deplorable: un armatoste sin alma que, en el peor de los casos (la alambra), usa el cadáver del lugar original, en un macabro comercio necrófilo, asesinado por los mercaderes. ése es el problema con el turismo, la banalización de la belleza, la divulgación de lo sublime (este propósito le parecerá magnífico a más de un imbécil, seguramente consejero de turismo o algo en algún taifa, pero un mínimo repaso etimológico evidencia la contradicción intrínseca, biológica, que impide la coexistencia de lo sublime y la divulgación, donde aquello suele morir en presencia de ésta).
los procesos que llevan a la transformación de los lugares son complejos, paulatinos y seguramente inconscientes en muchas de sus fases, pero el resultado es reconocible por todos.
yo soy turista, un simple turista, pero en la medida en la que me concedo tiempo para contemplar y pensar en lo que he visto, procuro informarme y me gusta relacionarme con los locales, conocer su circunstancia y sus porqués, la superestructura turística me resulta agotadora, impenetrable, inservible. qué más quisiera yo que recrearme y conocer la esencia de la alambra (de nuevo), piazza san marco, el templo de tiem-piè, las cataratas de niagara, chichén itzá o una playa de bali, pero es que no me dejan, los han aniquilado, no existen y además, con mala suerte, me empujan, circule por favor, que ya venden postales a la salida. así que los que pretendemos viajar despiertos tenemos que conformarnos con sitios inferiores, seguramente menos bellos que aquéllos que el turismo fagocitó. a cambio nos relacionamos con seres y lugares vivos, sin impostura. a cambio podemos relacionarnos y enriquecernos, buscar ese raro fruto que es aprender genuinamente de lo realmente distinto.

22.8.08

cita: el cante y la ciudad

hace unos días, antonio cruz me ha regalado una cita del cantaor manuel caballero:
"al cante lo lleva el tiempo de la mano".
venía a hacer monchi una bella analogía sobre el devenir de la ciudad como llevada de la mano por el tiempo, aliados que actúan con aparente independencia de la acción humana.
decía también una cosa importante, que la forma de la ciudad es más permanente que la historia y la sociedad que la habita, lo que no deberíamos olvidar arquitectos, urbanistas y políticos cuando planeamos y perpetramos nuestras fechorías. lo cual no es en absoluto una invitación al inmovilismo, sino a la sintonía con el fluir de los acontecimientos y sobre todo, a desarrollar una perenne curiosidad y un fino olfato para detectar los invariantes que construyen la forma de la ciudad, eso que alexander llamaba the timeless way of building.

17.8.08

CITAS. JULES RENARD

Como blogger es bastante malo como editor de blogs (desde ésta su casa recomiendo Wordpress) no se puede construir una página independiente que recoja de forma ordenada mis frases favoritas, así que a partir de ahora crearé la etiqueta "CITAS", bajo la que iré agrupando las que me vayan surgiendo.
Comienzo con algunas de Jules Renard;

http://es.wikipedia.org/wiki/Jules_Renard

La cita que encabeza la entrada "CANADA.04", es una de mis favoritas. La repito:
"Qué tranquilidad! Oigo todos mis pensamientos."
Me llama la atención porque refleja un hecho sutil y contradictorio con una de las bases de la filosofía estructura nuestra idea occidental del ser humano, porque propone que los pensamientos son algo distinto a nosotros mismos. Quizá para Renard fuese una simple paradoja para hacer llamativa su frase, pero se trata de una verdad fundamental para la espiritualidad oriental, lo que a finales del siglo XIX, antes de Wilhelm y Jung, no era tan obvio.

Lo de que las frases de Renard fuesen llamativas no es una gran novedad. El francés, sin duda gracias a una inteligencia brillante, pero también al afán de perpetuarse como fraseólogo a partir de un determinado momento, es una mina de citas. Cuando Dorothy Parker dijo aquello de que cuando se le ocurría una frase magnífica sospechaba que a Oscar Wilde ya la había escrito antes, se olvidó de Renard.

Recojo algunas otras:

- "Hay personas que no saben perder su tiempo solas y se convierten en el flagelo de las personas que trabajan."

- "Escribir es una forma de hablar sin que te interrumpan". (Si no, de qué íbamos a estar aquí los blogueros).

- "Cuando escribe uno tiene que estar todo el rato demostrando su talento a gente que carece de él". (Bueno, algunos escribimos totalmente liberados de esa obligación, pero vivimos de otra cosa, claro).

-"El hombre verdaderamente libre es el que sabe rechazar una invitación a cenar sin dar excusas". (Subrayo el verbo "sabe", no se refiere al que es capaz de hacerlo, sino al que tiene la superioridad de saber hacerlo, de hacerlo y quedar bien. Es este tipo de sutilezas el que hace superiores las frases de Renard).

- "Aunque no habla, se sabe que piensa tonterías". (Sublime, inmensa. Describe de un trazo un perfil atrabiliario, dificilísimo de caracterizar: el del tonto silente, tacituno, que vive haciéndose el interesante y con frecuencia consigue pasar por inteligente ante muchos).

-"Cuando me dicen que tengo talento no hace falta que lo repitan, lo entiendo a la primera".

Por último, un vaticinio profético:
-"Mis frases harán fortuna, yo no".

9.8.08

CANADA.05

MONTREAL.
La ciudad más grande de la provincia de Quebec y la segunda del país, la gran metrópoli francófona de América y segunda del mundo después de París, aunque claro, francés no se habla en demasiados sitios. Vive en una especie de neurosis por no saber si quiere ser una ciudad europea o americana. Llegando desde Toronto no hay duda, es mucho más europea, aunque supongo que si se aterriza directamente desde Europa la diferencia sería aún más abismal, destacando su carácter americano. Pero la cuestión no es analizar cómo es, sino cómo se reconoce a sí misma. Este dilema está sin duda incrementado o azuzado por la cuestión de la identidad/independencia quebecois, esa cosa un poco incomprensible que pasa en Canadá por la que muchos francófonos de Quebec se entretienen en vincular su singularidad fonética a un deseo de independencia política. Aunque pensándolo bien, Canadá es un país pintoresco políticamente. Su extrema juventud histórica aún ni siquiera se ha reafirmado. No mucha gente se para a pensar que es la única monarquía de América. Sí, ¿no te acordabas?, tienen reina, su graciosa majestad Isabel II, sí, esa, la Reina de Inglaterra es también reina de Canadá, lo que sólo recuerdas por su efigie en los billetes. Y nombra a un Gobernador General que la representa y que ahora mismo es una simpática negrita de Haití (¿?). Este hecho está vinculado a su pertenencia a la Commonwealth y de alguna manera hace que el momento de su independencia política de la metrópoli se difumine en la historia como una serie de concesiones británicas al autogobierno, a lo largo del siglo XIX, que culminaron en 1867 en una Constitución que para más inri se llama la Brithish North Améria Act y consagra el vínculo monárquico. En fin, espero que Juan Antonio, el gran fatigador de la Wikipedia, nos lo explique mejor, pero yo no acabo de verle la cosa nacional y patriótica al país. A lo mejor por eso son tan tranquilos y civilizados y se ocupan de cosas importantes y no de política. Y por eso choca más la manía pintoresca quebecois, que en realidad parece que viene de más antiguo, de cuando los ingleses le dieron a los gabachos por donde amarga el pepino y le quitaron la gran colonia y su enorme negocio. Entonces las provincias del norte eran francófonas y sólo una minoría en el sudeste se vinculaba a los ingleses neoyorquinos y bostonianos. Una cosa curiosa es que Old York es una de las poblaciones que originan Toronto, el nuevo ya lo conocemos todos. Solo la huída al norte de ingleses tras la independencia de Estados Unidos (ahí fueron los ingleses los que recibieron, je, je) aumentó la proporción anglófona y empezó a darle peso a esta cultura en Canadá. Parece que esa paulatina britanización es la que les viene molestando y quieren revivir una especie de herencia tardocolonial de raíz francesa, hablan incluso de promover un estatus de relación con Francia, a ver si quieren que le pongan a la Bruni como Gobernadora General…

Bueno, pues decía que todo ese follón de reivindicaciones y referéndum independentistas (perdidos) parece que alimenta el carácter singular de Montreal. El vector francófono es el europeizante, el anglófono y la emigración representan el corazón americano. Los barrios de mayoría francófona, como el Plateau Mont Royal son los más marcadamente singulares, curiosamente hay algo en su ambiente y arquitectura que me recuerda a esa Nueva Orleáns que no conozco más que por las películas. Los barrios del oeste de la ciudad nos ubican de Nuevo en ese Canadá puramente norteamericano, por más que ellos se esfuercen denodadamente en repetir que son muy diferentes a los estadounidenses. No niego las diferencias sutiles, pero mi capacidad para percibirlas aún no está suficientemente afilada.

El carácter híbrido, indeciso de Montreal es seguramente el responsable de que no me haya interesado especialmente. Es una ciudad más “bonita” que Toronto, como dice todo el mundo, tiene más calles llenas de casitas coloniales o neo-coloniales, más árboles en las calles, más iglesias historicistas imposibles, se enorgullece de su “centro histórico”, una rareza en América del Norte con un dédalo de calles ligeramente irregulares constituido por edificios en buena parte del S.XVIII, sin olvidar la impresionante Rue Saint Anne, el germen de la downtown que exhibe maravillosos ejemplos de proto-rascacielos eclécticos de XIX y primer tercio del XX y un caso impresionante de poderío urbano tardo colonial. Dicho lo cual no he sido capaz de extraer una impresión del carácter de la ciudad, es una especie de totus revolutus, un parque temático de intenciones inconclusas. Lo que más me ha llamado la atención en conjunto ha sido precisamente la sólida continuidad tipológica del extensísimo y ya mencionado barrio Plateau Mont Royal, “Le Plateau”, la meseta. Una retícula residencial de tres alturas, arbolada sin fisuras y con avenidas comerciales. La tipología que lo constituye en al menos un 80% es su típica casa, como en la que vivimos. Una casa entre medianeras con jardín trasero, en la que cada planta es una vivienda; la singularidad está en el acceso, el de la planta baja es directa y el de las altas es a través de una escalera en fachada que produce un porche en dos alturas adosado a una fachada retranqueada de la acera el espacio necesario para permitir ese sistema de acceso y relación con el exterior. La repetición del modelo, con multitud de variantes y singularizaciónes, produce unas calles singulares y muy vibrantes, además de un filtro singular entre lo público y lo privado. Habría que investigar el origen de ese modelo singular, que le otorga una gran independencia a cada una de las viviendas pese a ser un modelo plurifamiliar.

Bueno, cuando eso es lo más excitante que se puede decir de una ciudad, es que no te ha quitado el sueño ni siquiera un ratito.

7.8.08

de lo medible y lo inmedible

"A great building must begin with the unmesurable, must go through mesurable means when it is being designed, and in the end must be unmesurable"
Frase publicitaria de ECOTEC, software de Square One.

Para pensar, no está mal como proceso de diseño... Seguiremos dando vueltas.

6.8.08

100 MISERABLES VISITAS

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Hace unos cuantos meses, mucho después de comenzar el blog pero ya hace tiempo, le coloqué un contador de visitas. Debo de suponer que funciona bien, parece un mecanismo sencillo.
Normalmente no le presto atención, pero hoy me he sorprendido con la redondez del número 100. Hay blogs que reciben miles de visitas diarias y Lapidaria ha merecido 100 miserables visitas en bastantes meses.
La reacción instintiva a sido de decepción, lo reconozco, internet nos acostumbra a las grandes cifras. Pero entonces he reflexionado: La dirección de este blog la tenéis un número reducidísimo de mis más estimados amigos, quizá menos de diez. Ese 100 significa que en cien ocasiones un querido amigo ha dedicado su tiempo a abrir este blog y, quizá, ha prestado su atención a lo que escribo, llegando incluso a dejar algún comentario; significa que en cien momentos alguien cuya opinión me importa se ha interesado por lo que yo opino.
Y entonces esa cifra me ha parecido descomunal, asombrosa, totalmente inmerecida, si la entiendo como una suma de decisiones personales, de momentos privados, una renta de cariño expresado en nada menos que 100 miserables visitas.
Gracias.

1.8.08

CANADA.04

"¡Qué tranquilidad! Oigo
todos mis pensamientos!"
Jules Renard

Keswick, Lago Simcoe.

Pajaros, ardillas, alguna marmota y otros bichos que son como ardillas pequeñas y a rayas, además del gato Columbo, son nuestra compañía en la casa del lago Simcoe, el menor de los Grandes Lagos, que debe de ser más grande que el mayor de los que hay en Europa. Chelsie viene una vez al día a dar de comer al gato, pero aún no la he visto. Los coyotes aúllan por la noche, pero nunca se dejan ver, como Chelsie. Lobos y osos raramente bajan a esta latitud en verano, y los zorros de cola blanca son visitantes invernales.
No cuento a los abundantes insectos como compañía, porque mi capacidad de relación con ellos es aún limitada. Parece que la brevedad del verano en esta tierra concentra la vida en pocos meses y hace que su presencia sea más afanosa.
La variedad y vistosidad de los pájaros es notable, no recuerdo nada parecido en nuestros campos. Hay una multitud de llamativas variantes en la talla gorrión; el siguiente tamaño, próximo a una paloma pequeña, cuenta con menos especies, las más coloridas, como una roja intensa con alguna mancha negra y pequeña cresta el macho (supongo), y parda con toques rojos la hembra. Por cierto, Columbo nos trajo una al salón a la hora del desayuno; estaba aún viva y hubo que cazarla con red para devolverla al bosque. Considerando que el salón tiene cinco metros de altura, la captura sólo fue posible porque la pobre tenía un ala maltrecha por culpa de nuestro pequeño tigre. Todavía con plumas en el hocico no parecía transmitir ninguna sensación de culpa, lo que me hizo pensar el la ley natural y le ahorró una reprimenda inmerecida. No sé si el pájaro sobrevivirá en su estado, pero sentí que no me correspondía intervenir más en el ciclo vital y lo dejé a su suerte; puede que ya se haya integrado en la cadena trófica en forma de desayuno de algún pequeño carnívoro. Otra de las especies es azul, blanca y negra, con toques amarillos. estos, más sociables, forman siempre pequeños grupos. Estas últimas especies parecen super-jilgueros de otros colores. ¿Por qué no tenemos tantos pájaros bonitos en España? A lo peor es que nos los hemos cargado. Aunque sospecho que por algún otivo el continente americano, de norte a sur, se entretiene en producir animales más llamativos y con mayor variedad que la cansada Europa, y no es sólo una cosa de los trópicos.
La talla mayor de pájaro que tenemos en nuestro pequeño cielo es la de los descomunales cuervos y alguna gaviota. Bueno, y mirando para abajo los pavos salvajes que corretean por el bosque (machos no he visto).
El conjunto produce un continuo concierto de trinos, cantos y graznidos, tan variados como los plumajes, que, como siempre repito, hacen de la naturaleza uno de los sitios más ruidosos en los que se puede estar.

Los visitantes más divertidos son las ardillas. He aprendido que se trata de la ardilla gris americana, lo que por algún motivo quiere decir que la mitad son negras como mihuras. Sin ser ardillas de parque, se dejan ver sin demasiado problema mientras comen, corren o realizan todo tipo de piruetas. Hoy he visto una persecución increíble, parecía un juego, puede que estén en celo. Dos ardillas describían arriba y abajo espirales entrecruzadas por un largo tronco de árbol. Era un movimiento rapidísimo, inverosímil si no lo estuviese viendo, reproduciendo un patrón de movimiento que sugiere una danza sofisticada. Pero lo más entretenido es verlas comer, pelar pipas, comunicarse, vigilar, todo con una gestualidad cómica. Ah, he descubierto que emiten una especie de ladrido tenue al ritmo de un movimiento de cola. (Lo maravilloso de la ignorancia es que uno puede descubrir hasta las cosas más banales).
Su pariente pequeño y rayado es mucho más discreto.
También nos anunciaron mofetas, pero la fortuna de nuestras pituitarias nos las ha ahorrado hasta el momento.

La otra compañía, en forma de banda sonora, es la lluvia, los truenos y el viento en los árboles, que componen momentos de gran belleza. Para eso es importante la variedad de vegetación: el pinar cercano compone el fondo continuo, se le superpone la armonía de los álamos, chopos, olmos y arces, además de la mayoría de especies que no conozco, cada uno con sus ritmos y timbres. Mis amigos músicos sabran perdonarme la torpeza del símil musical y me ayudarán a mejorarlo.

En fin, resumiendo, que considerando que la naturaleza me resulta un mundo ignoto y de interés casi nulo, se verifica una vez más que la percepción es resultado de una función que depende, exponencialmente, de la variable tiempo.

Nota: Corroborando lo anterior, he investigado en la biblioteca de la casa, hasta poder concluir que el pájaro rojo es el Northern Cardinal (Cardinalis Cardinalis) y el azul el Blue Jay (Cyanocitta Cristata), lo que no he acabado de aclarar es si son los primos gilgeros de zumosol, parece que el azul puede ser un córvido (?). Después e estas notas nos ha visitado un bellísimo pajaro amarillo y negro, que sí era un jilguero, el American Goldfinch (Carduelis Tristis) o, directamente traducido, jilguero americano.
Ah, la microardilla a rayas es el Least Chipmunk (Tamias Mínimus).

26.7.08

PARENTESIS PEQUINES

Una amiga, Susanne Strombom, manda una carta desde el Beijin de los inminentes Juegos (por cierto, ¿ya existe el nuevo toponímico, beijinés?), donde está comisionada por su empresa. Como no tiene desperdicio y para información de curiosos, la transcribo en las partes genéricas.

“...
You won't get one of these every week, but whilst things are still not as crazy as they may become, I may as well give you some insights.
It's nice to have had a couple of days to see the city without construction sites, and things covering buildings everywhere and squeeky clean.

Beijing has been "logofied", the whole city is covered in "Beijing 2008" logos, even the drug sniffer dog at the airport had a little blue jacket with an Olympic logo on it..I am not sure where the Logo
Useage Guide Book mentioned dog coats...but had I known, then I would have tried and tested at home :) Plant pots, chopsticks, the roadsigns are so full of logos that you can barely read the directions. You name it - it has one.

The pollution is just as bad as it's always been, it has been raining continuously on the cities west of Beijing, as that is where they shoot/ ionize the clouds so that it will "rain the pollution away" -well, those cities are probably shiny by now - but here it hasnt changed squat.. and the traffic is worse than ever - as they are closing the city down for bomb search and security to guarantee us
"safe and smooth Games". Well at this rate, that won't be an issue, as the athletes will all be late to their runs - if they even get out of the airport, as that takes 2.30 hrs just that.

The hotels are still as empty as before, the occupancy is at 40% and everyone is going bust. Mainly for three reasons - the first is the Visa problem, if you reject Visas you wont' have any tourists - that's for sure.
The second is the fear of the Olympics taking over, and therefore foreigners dont' plan a trip as people are convinced there are no rooms available.
The third is that they have built so many hotels that you could probably house every man on earth in this city - and his family. They are giganormous structures of over 2500 rooms. Yes - I guess you see the problem.

We are happy to receive a letter in the hotel room today telling us -in the name of smooth and safe games- that the Chinese authorities have communicated and trained their 100'000 plus volunteer staff in several things:
- cheerleading
- the 8 questions not to ask foreigners: don;t ask them what they do, their home adress, how much they earn, about their marriage, about politics and I laughed myself over the rest ;)
- eating in restaurants - dogs have been taken off the menu in Beijing restaurants ..and foreigners don't like Chinese greens as it makes them "airy" (I'm still struggling with this one, cause SURELY
they can't really mean THAT can they? :)
- finding your way in Beijing : the "volunteers" are at your disposal but keep in mind that they are not from Beijing so please put patience (Im copying off the note..) :)
- cab drivers have been trained to English. Cool - I still haven't managed to get to the Stadium without a fight in 5 days...and it has got to be the landmark of the week no?

My Chinese is improving by the day. I learned today that the "negative" words are always starting with Poo - (which sounded very appropriate to me) so Yes is Ser and No is PooSer. How logical is that?? Sui - or rather a whistling Shhrui is entrance and PooSui is no entrance. Simple no?
I propose to change the English language : Yes and PooYes - or the wonderful story of Winnie the No...hm there could be flaw in the plan..

Our Omega Pavillion is nearly ready and the Olympic park is actually mindblowing. It's beautiful in the night, and the architecture is fantastic. This afternoon we had security search (for smooth and safe games remember..?) with 56 dogs and military. But one dog was tired apparently, started barking and then all the others (I guess) thought he found something so they all started howling - so we were told they were "confused" and that they are coming back on Sunday. Not so
smooth yet.

The rehearsals for the Opening Ceremony are on the way nearly every night - and being the country of fireworks it's quite impressive - they are in shape of dragons, flowers, smilies and more...looks very promising!
...“

24.7.08

CANADA.03

Leído el final de la última entrada, es preceptiva la referencia al cuento borgiano en el que propone el llano e inacabable desierto como el peor laberinto. Hecho el honor al maestro, sigo con algunas ideas al hilo de la cuestión urbana:
Toronto es irreconocible en planta, sólo se explica en alzado. Lo cual les pasa más o menos a todas y decirlo sería redundante si o fuese porque éste es un caso paradigmático. La escala de los edificios configura la escala real de la ciudad, que en planta es plna, homogénea, irreconocible. La realidad construida es sin embargo de un relieve y una variedad notables. Determinadas avenidas levantan abruptamente sus edificios llegando a componer rascacielos dignos de ese nombre. Una manzana más allá, sin explicación urbanística plausible, la ciudad se desploma hasta dos, tres alturas. El urbanismo parece responder a la presión de la demanda comercial sin filtros intermedios, “auto-desreguládose“ libremente.
Se genera así una “orografía urbana“ sobre un suelo sensiblemene plano. Algo así como lo que dejé escrito sobre Buenos Aires y su “orografía de la riqueza“ (entrada “Primera mirada a Buenos Aires“ 15.08.07), pero sin un trasunto económico-social, sino económico-comercial. Porque aquí no refleja el binomio riquez-pobreza, sino más precisamente la diferencia entre los núcleos donde se produce la riqueza y las áreas en las que se disfruta.
El resultado es una ciudad enormemente variada, que no podemos prever en el plano de ninguna forma. Desde el downtown puro de enormes moles comerciales y financieras se expande en una variedad mareante de barrios peculiares por la intensidad en la ocupación de las manzanas, la aparición de una cantidad muy notable de verde, por su arquitectura y, fundamentalemente, por la naturaleza de la ciudad que construyen en cada lugar sus ocupantes, en función de clase, etnia, edad, ocupaciones... Una ciudad que permite el viaje interior a mundos diversos con resultados sorprendentemente diversos en un número increíblemente pequeño de paradas de tranvía.

23.7.08

CANADA.02

Primeras notas en Toronto.
Es maravilloso visitar una ciudad de la que no te intersa ver absolutamente nada. La sensación de relajo, de vacío mental, te prepara para disfrutar de cualquier cosa que encuentres. Puedes emplearte a fondo en tonterías sin la incómoda sensación de estar perdiendo el tiempo. Es el escenario propicio para alimentar el verdadero espíritu de las vacaciones, de la holganza sin propósito.
Toronto, además, tiene la virtud de presentarse a la primera mirada con perfiles sorprendentemente interesantes para el que nada espera: multiculturalidad, desprejuicio social, contrastes, un fuerte carácter de "ciudad americana" en su morfología urbana... quizá no todo sea pereza en esta visita. Aunque sin duda, la óptima posición del observador desocupado saca lustre a situaciones y ángulos que en otra ciudad con mayor calado pasarían desapercibidos.

Para comenzar la deriva urbana, (nunca mejor traído el sustantivo tópico del turista postmoderno) he decidido comenzar por Asia. La idea viene de un artículo de suplemento leído en el avión, lo que ha sido una decisión aleatoria tan válida en este momento como cualquier otra; en una ciudad sin referencias un dominical te vale igual que la Encyclopaedia Britannica. Decía que he comenzado por Asia, es lo bueno del “melting pot“ ordenado por distritos, que sabes que tranvía coger para según qué continente. Y en el China Town de Toronto te has metido en el puñetero continente asiático, con clara predominancia china, pero importante presencia de prácticamente todas las culturas del extremo oriente. Un PHO BO (mi teclado americano tiene bastante con reproducir la ñ y acentos españoles, la enfurecida acentuación vietnamita escapa totalmente a sus capacidades)... un PHO BO, decía, te hace saltar las lágrimas por la añoranza oriental y las indescriptibles guindillas indochinas. El antro, Saigon Palace, es perfecto: somos intrusos en un mundo de orientales taciturnos, principalmente dependientes de las tiendas vecinas y alguna pareja dominguera, porque aquí las tiendas abren los domingos, claro; podríamos estar en cualquier comedero de la ribera del Mekong, salvando la temperatura, con sus manojos de palillos, sus cuencos humeantes y la parafernalia sintética china acumulando polvo. Nada estorba en el espejismo oriental, además, si miras por la ventana, hay algo en el desarraigo y la impertinencia de la urbe americana que encontramos igualmente en la metrópoli asiática sin referencias, de la que Ho Chi Mihn City es un epítome. Después, con los labios aún adormecidos y el ánimo exaltado por el octanaje de la sopa, la inmersión, el paseo sin destino, disfrutando del tiempo en cada esquina y en cada bazar. Por cierto, una de las primeras impresiones es la de que en ninguna ciudad no hispanohablante he oído hablar tanto Español como aquí, aunque me faltan algunas como Miami que deben de ser lo máximo.
A cuento de todo esto me viene a la memoria otra lectura reciente, un artículo de Leopoldo Calvo-Sotelo (lo supongo hijo o sobrino del difunto) contiene un párrafo extremadamente lúcido que copio para aliviar al texto durante unas líneas de la torpeza de mi escritura:
... “Desde el punto de vista estético, existen dos maneras de satisfacer las demandas de un abigarrado público universal: el multiculturalismo y la neutralidad cultural. El multiculturalismo (que suele caracterizar la aproximación norteamericana al problema) se basa en yuxtaponer elementos procedentes de distintas culturas, sobrecargando el numerador de sumandos. Más elegante es la solución de la neutralidad cultural: se trata de buscar un denominador común a través de la estilización, que consiste en reducir la representación de los seres y de las cosas a sus rasgos más elementales, eliminando las aristas idiosincráticas.“
Si hacemos caso a lo anterior, Toronto cumple rigurosamente el paradigma norteamericano, abigarra extraordinariamente el picadillo multicultural, sin ahorrar ni uno solo de los elementos de los que le proporciona su despensa migratoria. No es fácil estar en una ciudad que presente el grado de complejidad de este collage, al menos en Europa, donde ciudades como Madrid, Londres o París son ya exponentes de la multiculturalidad, en especial Londres, más que por número por concepto, ya que sin intentar enmendar a Calvo-Sotelo, tengo la impresión de que esta forma de integración (o “anti-integración“) más que norteamericana es anglosajona.
Pues aquí estoy, al pairo en esta ciudad cuyas claves, muy de lejos, se me escapan tanto en lo geográfico, como en lo social, estético o de cualquier orden... Sólo me acoje la retícula como supremo argumento de orientación y que hace a una ciudad tan grande como ésta aparentemente asequible. Pero no nos engañemos, esa legibilidad de calles y avenidas, pulcramente recorridas por tranvías ordenados, esconden una forma perversa de laberinto, el laberinto del tamaño y de la falsa homogeneidad que alinea mundos absolutamente diversos y en el que la brújula es inútil.

21.7.08

CANADA.01

Alguien dijo de Suiza algo como que era el país cuyo máximo nivel de imaginación y diversión consistía en hacer relojes de cuco. Pues Canadá no hace relojes de cuco.
Si a alguien le encanta la naturaleza virgen ("salvaje" sería aquí un epíteto) de las regiones frías y boreales, Canadá es su país... bueno, y el sirope de arce. Si no es el caso, puede perfectamente prescindir de la adusta hospitalidad de Air Canada.
Pero esa falta de interés en las virtudes del país al que he llegado puede ser fuente de iluminaciones. Para empezar, uno se da cuenta de que puede pensar y aprender de todo y en todo lugar, no importa lo anodino que sea el objeto de la observación. Suelo suponer que cuanto más diferente sea un entorno a nuestro horizonte habitual, mayores oportunidades de contraste deparará y, en consecuencia, mayor aparataje ofrecerá a la reflexión. No voy a desmontar este prejuicio que algo de cierto tiene, aunque sea en lo cuantitativo. Pero lo cierto es que no hay estímulo que resulte insuficiente para la una neurona curiosa. Para continuar, cualquier juicio que surja de un conocimiento tan superficial y fresco como el mío no pasa de ser un apriorismo que se quiere justificar con el primer contraste. Pero con algo tenemos que comenzar a hacer funcionar el teclado.

Canadá empieza a provocar reflexiones con las cifras. El segundo país más grande del mundo en superficie, que llega desde la latitud de Madrid a sólo 700 km del Polo Norte y abarca cinco usos horarios, tiene sólo 33 millones de habitantes, que se reparten una cuarta parte del agua dulce del mundo (este dato vertiginoso merecerá una reflexión). Su superficie, de unos 10 millones de km2 (20 Españas), está dividida en 10 provincias, que hasta hace poco eran 6, y 3 territorios; alguna de ellas, como Quebec, triplican la superficie española, un tercio de cuya extensión (o sea, una España), que se conoce como región de Nunavuk, alberga 14 poblaciones y algo más de 30.000 habitantes, que protestan porque tienen que ir a su casa en avión, visto que hasta el momento ningún gobierno ha considerado razonable hacer y mantener una carretera en el ártico para ellos.
Este país, en el que todo es descomunal, provoca una sensación de insignificancia del ser humano y desvalimiento, al tiempo que, contradictoriamente, alimenta el asombro ante la capacidad de superación de los hombres. Los turistas que apenas nos asomamos a esta tierra, fatigamos para recorrer distancias minúsculas en la escala local, y eso gracias a los medios de transporte contemporáneos. Sus descubridores, conquistadores, colonos, la construyeron a lomos de caballo. Nunca me ha asombrado el hecho material de que en épocas pasadas, con medios infinitamente menores, se conquistasen estos territorios ni se concluyesen estas aventuras. Era cuestión de tiempo, de una escala distinta del tiempo y la vida que resultaba en un proyecto vital que se justificaba con la empresa. Empresa que además se hacía común para una civilización y hacía que varias generaciones se empeñasen en ella, lo que multiplicaba el tiempo y los medios. Este enfoque explica (y no otro) la expansión europea por América. No, la consecución de este logro ingente, digo, nunca me ha causado asombro. Me sobrecoge sin embargo pensar en la sensación, el escalofrío interior de cada uno de los hombres, en especial de los más lúcidos, que con aquellos medios y la más perfecta ignorancia sobre todo lo que se les abría delante, dejaban su mundo atrás y penetraban en una tierra ignota y con frecuencia hostil. Y después, esa misma sensación en aquellos que les sucedieron y que, teniendo ya información sobre la magnitud de la empresa, se empeñaban en perpetuarla, en cruzar el continente, en abrir y mantener caminos, en fundar ciudades aisladas en lugares imposibles a los que una simple carta podía tardar un año en llegar, en el poco probable caso de que llegase.
La conciencia de una situación equivalente, provocaría en la media de nosotros un pánico incontrolado, histerismo, quejas a la autoridad, reclamación de nuestro derecho al bienestar y a que alguien (nadie) haga nuestro trabajo duro. Es sencillamente incomprensible para nuestra mente media, como lo es la cuadratura del círculo, la presencia de ánimo necesaria para afrontar un reto de ese calibre con estoicismo, quizá con naturalidad. Y no es que falten en nuestra sociedad ánimos valerosos, individuos dispuestos a afrontar una muerte probable, un reto desconocido. Aventureros, militares, astronautas, deportistas de riesgo lo hacen en determinadas situaciones y mayor o menor medida. Pero hay, decididamente, algo más. Algo que tiene que ver con la sensación de desamparo, de que nada te vincula al mundo conocido, de que nadie vendrá en tu auxilio durante muchísimo tiempo o jamás. Y de que no hay vuelta atrás. Esa idea, representada arquetípicamente por Cortés en la quema de sus naves (una de las mayores performances poéticas de todos los tiempos, por mucho que los espíritus mezquinos busquen explicaciones funcionalistas al hecho) es la que de verdad provoca vértigo en nuestras almas contemporáneas sobreprotegidas, amparadas hasta el último estornudo. Ese viento frío en la cara, del que nunca nadie te protegerá, es el que para mí dibuja el temple de aquéllos espíritus, el que alimenta mi inconsolable asombro.